
Todo acabó entre vosotros dos cuando yo era demasiado pequeño todavía. De hecho, de tí solo recuerdo unos pantalones a rayas negras y blancas. Eso, tu guitarra, que no querías que nadie tocara nunca y cuatro notas de la canción que me hiciste. Estoy convencido de que ha salido plasmado algún que otro fragmento de la canción en alguna de las cosas que he hecho yo en este tiempo...y cuando me giro te veo tirado en un pasillo de metro, pero no estas ahí en realidad. Estás tocando mi canción mientras me acunas...y con cada nota tocas una parte distinta de mi todavía pequeño corazón...y la guitarra se balancea sobre los pantalones a rayas y unos pálidos brazos transmiten con finura a sus consiguientes manos y dedos el punto exacto que tienen que tocar en mi alma. Y giro la cabeza hacia arriba y veo estrellas y planetas en el techo y me imagino que estoy allí flotando contigo. Vuelvo a girar la cabeza hacia mi izquierda y, entre los barrotes de la cuna, vuelvo a ver tu guitarra. Y tu voz resuena por todo el universo que has creado con tus seis cuerdas. Y quiero cantar y balbuceo, y tu ríes, y sigues cantando y yo, frustrado, grito y pataleo como queriendo crecer veinte años de golpe. Tanta actividad me deja exhausto y acabo durmiendome con los últimos compases que da tu voz. Aunque hayas acabado de cantar y no te haya vuelto a ver desde esto, ésta ha seguido en mi alma hasta estos días y, aunque no la recuerde, estoy seguro de que si oyera cuatro compases podría continuarla porque lo que se queda grabado tan adentro nunca desaparece del todo.
El que fue tu sobrino te sigue queriendo, aún más ahora que se que me cantas y me inspiras desde ahí arriba.
4 comentarios
chus -
Un abrazo muy fuerte de tu tía.
Por cierto, me gusta cómo escribes.
miusss -
un abrazo
lokura -
El niño -