zumodenaranja



Este es el recipiente donde cae todo el zumo de mi naranja: a veces, dulce, a veces ácido, a veces con pepitas pero siempre sin piel

Temas



Archivos

Enlaces

Otros zumos de la peña


Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mensajes embotellados.

14/06/2005

Vente pa limón

caverna.jpgConduzco con ojos llorosos. Tengo la sensación de que únicamente llueve en mi coche, tanto dentro como fuera de él pero solo en el espacio que ocupa mi coche. Me rindo a la dirección hacia la que me lleva el volante que ahora parece que haya tomado vida propia. Cuando vuelvo en mi, me encuentro en un aparcamiento de arena con un geriátrico detrás mío, no es allí donde voy en realidad. Camino unos pasos, aprieto el botón del interfono y me abres. Ves mi cara, pensativa, ojerosa, demacrada al fin y al cabo. Me abrazas. Y ahí estás, sentada (no del revés), mirando como tus manos rompen cualquier trozo de algo que te sirve de escudo para soportar lo que soportas sin hacer preguntas, sin pedir más explicaciones que las pocas que te doy. Y yo me desahogo en tus hombros que creo se ofrecen gustosos "...mañana puede que me pase a verte un rato...". Frase que te he dicho bastante útlimamente y motivo por el que te doy las gracias. Hablo y escuchas, eso es todo lo que espero y estoy orgulloso de ti por estar dispuesta a hacerlo. No quiero crearte ninguna responsabilidad con lo que te voy a decir pero lo que quería expresar mínimamente con este post es que estos días te has convertido en mi refugio, mi Limón particular. Caverna confortable donde he tenido tiempo para pensar y sobretodo desconectar.En fin que no puedo pedir más. Que esto es una amiga y me alegro de haberla encontrado. Gracias.

31/05/2005

La mujer cósmica

stellar.jpgLa mujer cósmica lo ve todo con la seguridad de estar por encima del resto.
La mujer cósmica es discreta, silenciosa y pausada.
La mujer cósmica es reflexiva, serena...
El hecho de verlo todo con la distancia que le da el estar en el espacio hace que tenga una perspectiva de las cosas distinta a la vez que objetiva.

Muchos podrán pensar que se trata de una mujer fría metódica y calculadora pero nada más lejos de la realidad. Si está en el espacio es porque sabe que ahí, tan lejos, difícilmente nada la podrá dañar.

La mujer cósmica es como un cometa. Su corazón helado, en realidad no cesa de combustionar en busca de la dirección correcta y cuando los demás percibimos su rastro, su cola, ella ya está unos kilómetros más adelante...siempre en busca, como he dicho antes, de la dirección correcta. Y orbita y orbita en torno a nosotros siempre atenta y dispuesta a ayudarnos en el momento en que necesitemos su sabio consejo.

22/05/2005

Sueño entre teclas

teclado.jpg....Y estoy en la cama en ese estado en el que no sabes si estás durmiendo realmente o estás más despierto que nunca...y mientras mis ojos me van transportando a ese otro mundo oigo el tintineo de las teclas cuando escribes. Imagino. Imagino que estás tejiendo sabiamente las historias de los sueños que ahora tendré. Y con ese picar de las teclas mi mente va quedadndo poco a poco en blanco. No se tú pero estoy agusto aquí.

10/05/2005

La astilla que quedó pendiente de un teléfono móvil

collserola.jpgEntré por la puerta. Mesas, ordenadores, sillas,gente, griterío...y entre todos ellos la silla vacía que luego ocuparías tú y que, en un primer momento, a pesar de estar vacía, ya me llamó la atención. Me senté con una mujer. Ella trabajaba y yo me fijaba en lo que hacía. Pronto iban a llegar las 10 de la mañana y mi estómago me decía que algo iba a pasar. Mi cabeza no entendía ese nerviosismo. Minutos que se me hicieron muy lentos. Recuerdo que miré el reloj. Levanté la vista a través de la mampara y tu saludo alegre y tu buen humor entraron en la sala. Llevabas un pañuelo blanco que te envolvía la cabeza, recogiéndote el pelo y dejando al descubierto tus delicadas facciones. Viniste a saludar, y a la misma velocidad a la que te acercabas mi cara se iba poniendo cada vez más y más roja. Saludé como buenamente pude entre tartamudeos, con la sonrisa y los ojos de té chino que tenía ante mi no sabía si tenía que decir un sugerente "hola, me llamo zumo" o lanzarme a tus labios sin mediar palabra. Como ya he dicho, no supe hacer ni una cosa ni la otra, solo tartamudeos, pero creo que te diste por satisfecha.

Unos dos meses después después me vi en tu coche, en un aparcamiento de collserola totalmente furtivo para nosotros dos. No decíamos nada, eran nuestras almas las que se hablaban, las que se tocaban,las que se besaban. Y justo en ese momento de bendita enagenación mental cometí un error que he tardado mucho tiempo en perdonarme. Sonó mi teléfono. No lo quería escuchar pero el timbre era insistente. Yo lo dejaba sonar pero no se callaba. Lo tenía en el bolsillo del pantalón. Y si hasta ese momento solo nos separaban unos pliegues de ropa que de un momento a otro parecía que fuesen a desaparecer, con ese sonido tan repetitivo como insoportable empezaron a separarnos, por mi parte el miedo y creo que por la tuya un sentimiento de culpabilidad. Tomé la peor decisión. Saqué el teléfono y descolgué. Tal y como esperaba era mi padre preguntando el "oportuno": "¿Dónde estás a estas horas? ¿Piensas venir a cenar?" Le contesté que no tan rápido como pude. Todavía tenía el sabor de tus labios en los míos y necesitaba más pero, al colgar, tu ya no estabas encima mío, estabas seria, estabas con las manos al volante llevándome a casa.

25/04/2005

Tío Chano (Sean Levitt)

jazz.jpgTodo acabó entre vosotros dos cuando yo era demasiado pequeño todavía. De hecho, de tí solo recuerdo unos pantalones a rayas negras y blancas. Eso, tu guitarra, que no querías que nadie tocara nunca y cuatro notas de la canción que me hiciste. Estoy convencido de que ha salido plasmado algún que otro fragmento de la canción en alguna de las cosas que he hecho yo en este tiempo...y cuando me giro te veo tirado en un pasillo de metro, pero no estas ahí en realidad. Estás tocando mi canción mientras me acunas...y con cada nota tocas una parte distinta de mi todavía pequeño corazón...y la guitarra se balancea sobre los pantalones a rayas y unos pálidos brazos transmiten con finura a sus consiguientes manos y dedos el punto exacto que tienen que tocar en mi alma. Y giro la cabeza hacia arriba y veo estrellas y planetas en el techo y me imagino que estoy allí flotando contigo. Vuelvo a girar la cabeza hacia mi izquierda y, entre los barrotes de la cuna, vuelvo a ver tu guitarra. Y tu voz resuena por todo el universo que has creado con tus seis cuerdas. Y quiero cantar y balbuceo, y tu ríes, y sigues cantando y yo, frustrado, grito y pataleo como queriendo crecer veinte años de golpe. Tanta actividad me deja exhausto y acabo durmiendome con los últimos compases que da tu voz. Aunque hayas acabado de cantar y no te haya vuelto a ver desde esto, ésta ha seguido en mi alma hasta estos días y, aunque no la recuerde, estoy seguro de que si oyera cuatro compases podría continuarla porque lo que se queda grabado tan adentro nunca desaparece del todo.

El que fue tu sobrino te sigue queriendo, aún más ahora que se que me cantas y me inspiras desde ahí arriba.

10/04/2005

Trapos sucios en la cocina

cocina.jpgTengo llas pupilas clabadas en la pared. Es extraño, no se mueven. Por más que le digo a mi cerebro que le diga a mis ojos que se muevan no lo consigo. Consigo distinguir un reguero de algo de un rojo oscuro que está llegando hasta la puerta. ¿Cuantas veces me habrá empujado contra esa puerta? Me duele todo. Me duele cada uno de los golpes que me ha dado ese cabrón. Me duele la humillación de verme así por su culpa. ¿Cómo he llegado hasta este punto? ¿Cómo pude estar enamorada alguna vez de él? ¿Cómo pudo él cambiar tanto? Sé que todavía debe de estar rondando por aquí. Por fin me creerán. Ahora tiene las manos manchadas y esta vez no se va a librar.

Noto que vienes y no quiero que me veas así. No, así no. Un hijo no debería ver nunca así a su madre. No consigo moverme. Tendría que limpiarme y tendría que limpiar todo esto. No puedes ver la cocina así.

Tengo frío, cada vez más frío. Ahí estás, por fin has llegado. ¿Por qué has venido? No me tenías que ver así, tirada en el suelo. Por favor, no mires, no llores. Lo que ves no es sangre hijo mío. Es mi amor por ti que ahora se me escapa por el pecho. ¿Qué va a ser ahora de ti? No estaré para levantarte y ver tus sonrisas todas las mañanas. No estaré para cuidarte. No estaré para quererte. No llores por favor. ¿Por qué tienes que estar en medio de todo esto? Vete de aquí, rehaz tu vida, olvíida esta imagen. Olvída a tu padre, olvídame a mi si te hace falta para ser feliz. Solo quiero que seas feliz. Solo quiero que te dejen vivir.

¿Quién más se acerca? ¡No quiero que nadie más me vea! Ah, es tu amigo. Cuida de mi niño por favor. No dejes que ese cabrón se lo lleve consigo. Recuérdale cada día lo mucho que le he querido. Te pido que le apoyes, tu que siempre le has entendido bien, ahora que le vendrán momentos bajos y de dudas.

Ahora me voy, no quiero irme pero cada vez os veo más lejos. Ya está, ya no estoy.

08/03/2005

Dos palabras y dormías

sentado.jpgAyer, mientras dormías, pasé mucho rato mirándote. Recorría cada milímetro de tu cara con los ojos y cuando acababa volvía a empezar, sin cansarme, sin parar. Las dos horas que pasaron así, sin que pasara nada, me parecieron diez minutos. Podría haber estado así toda la noche y todavía hubiera descubierto cosas nuevas. Se te veía tan plácidamente dormida... A ratos se notaba que estabas soñando, movías la cabeza y un poco la boca como si estuvieras a punto de decir algo. Hubiera dado mi vida por saber qué era lo que ibas a decir. Quiero creer que eran las dos palabras que siempre te he soñado decir, las dos palabras que me nublan la vista cada vez que pienso en ellas. Despertaste un poco. Me dijiste que tenías frío y te puse la manta. Todo ese rato quise tumbarme a tu lado, abrazarte para darte calor y notar tu respiración en mi pecho hasta quedarme yo también dormido. Pero el caso es que no me atreví a hacerlo. Te hubiera llevado demasiadas complicaciones y a mi superar demasiados miedos. Después despertaste del todo y me viste mal. Me preguntaste por qué y mi boca solo te supo responder con un silencio a la vez que mis ojos y mi garganta luchaban por hacerse entender aunque en ningún momento supierion cómo. Ahí se esfumó toda la magia y fue reemplazada por una enorme presion sobre mi pecho y mi estómago. Fue reemplazada también por sonrisas falsas y comentarios estúpidos buscando cualquier atisbo lejano de sonrisa en tu cara. Necesitaba verte así. Necesitaba perderme en aquella boca que enseñaba esos preciosos dientes sin reserba alguna. No me podía permitir estar desnudo en ese momento. Así, sin más, dejé que salieras por la puerta. Dejé, al fin y al cabo, que salieras de mi vida. Desde entonces sigo sentado al otro lado de la puerta esperando a que vengas a buscar las dos palabras que te dejaste.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]