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De Vuelta

De Vuelta

Con la mirada clabada en la pared los segundos se sucedían uno tras otro. Se sabía de memoria cada uno de los intrincados mosaicos que su cabeza podía formar a partir del dibujo del empapelado. Así se sentía seguro. Su meta era llegar al próximo minuto de vida sin sobresaltos y este era su modo. Se quedaba estático. Encerrado en si mismo. Quieto en un mundo que él mismo se sabía aburrido pero al fin y al cabo a salvo. "Soy como una espora latente, que se preparen cuando salga" se decía de vez en cuando. Después se seguían sucediendo los segundos. Y se seguían sucediendo las proyecciones en esa especie de salvapantallas que era la pared, su pared. 

En los pocos momentos de lucidez que disfrutaba se planteaba como salir al exteior y, para ello, veía necesario encontrar el punto de origen. En realidad ya no sabía como había llegado a esa situación. Buscaba en su interior y solo conseguía recordar su vida anterior, pero no la causa de ese maldito encierro en el que se veía inmerso, contradictoria y condenadamente a gusto. 

Por contra, en los momentos en los que le asaltaban las ideas más extremas y macabras para romper la espiral de inacción, un extraño pero potente instinto de supervivencia emergía de lo más profundo de su ser. "Soy como una espora latente, que se preparen cuando salga" se continuaba diciendo. Y así pasaban los segundos, las horas, los días los meses...

 ¿Que se preparara quien? Y ¿para qué? Eran preguntas que se hacía frecuentemente. No lograba recordar y la sensación le quemaba las entrañas.

Un momento cualquiera, en el que la pared mostraba un tono amarillento de atardecer concreto, dejo de ser un momento cualquiera en el instante en que un sonido potente estridente y corto irrumpió en el hasta entonces hermético habitáculo. Mientras se conseguía recuperar del sobresalto que había sufrido se preguntaba "¿Qué ha sido eso?" Recordaba que anteriormente ese sonido le había sido familiar pero no sabía ni cuanto tiempo hacía de eso ni con qué relacionarlo. Lo que sí sabía era que para averiguarlo solo tenía dejar de mirar su pared. Dejar su insignificante mundo. Afrontar no sabía bien qué miedos moviéndose para aceptar nuevos riesgos. Definitivamente estaba aterrado ante la idea.

Ahora podía escuchar su respiración entrecortada. Y por la falta de costumbre le costó saber que ese ruido era eso, su propia respiración. Oyó también los latidos del bombeo de su corazón. Empezaba a ser consciente de sí mismo. Idea que también le aterraba por simple falta de costumbre. Cuando después de unos minutos que bien pudieron haber sido horas fue consciente de la totalidad de su cuerpo se produjo algo tan contidiano para el resto de la humanidad como asombroso para él. Notó un picor intenso en la pierna e intuitivamente dejo de mirar la pared para concentrarse en su rodilla que ahora le escocía. Se le volvió a acelerar el pulso al entender que había roto con la eterna espiral y la amalgama de emociones, sensaciones y percepciones le tenían aturdido. Se sentía sobrepasado, conmocionado. Pero, de un modo que solo él podía comprender, feliz.

Ya que estaba no se podía dejar llevar por la autocomplacencia de lo conseguido y decidió mirar a su alrededor. Para desconcierto suyo no le era familiar nada de lo que veía. Y se volvió a preguntar "¿Cuanto tiempo llevo aqui? ¿Cuanto tiempo he perdido aquí? ¿Dónde estoy?"

(Continuará) 

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Películas en Blanco y Negro Como todas las bonitas historias acabó con un fundido a negro...despues un lapso de oscuridad, un lapso de una nada que no recordaba a nada...todo, se supone que para empezar otra vez. Tengo ganas.

La ventaja de ser miope

A veces a los miopes nos gusta ir sin gafas. Las lentes hacen que nuestros pies toquen el suelo. Que sepan por dónde pisan. Nos dan la seguridad de ver el camino marcado y no perdernos. Hacen que reconozcamos a la gente por sus rostros en vez de guiarnos solo por su forma y su voz.

Pero hay momentos en los que, en general, miopes y no miopes, sentimos el deseo de no tocar con los pies en el suelo. Tenemos ganas de imaginar, de embaucarnos a nosotros mismos, de no reconocer lo que tenemos delante. Ahí es donde los miopes cogemos ventaja. Tenemos el arma de quitarnos las lentes que hace unos instantes nos daban tanta seguridad y nos eran tan útiles. Eso nos permite ver otra realidad, más difuminada, difusa...Podemos no ver aquello que no queramos ver, así como creer que vemos realmente aquello que queremos ver. Nos permite ser más libres al fin y al cabo. (inacabado)
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