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zumodenaranja

Platón y su tren matutino

Platón y su tren matutino Me hundo en las profundidades pélvicas de una mujer de quien no puedo distinguir el rostro. Su dulce quejido se transforma paulatinamente en un sonido horrible, constante y repetitivio. Ya no parece el gemido de la mujer que me estaba haciendo pasar una de las noches más memorables de mi vida. Más bien diría que parece...parece...¡Mierda! ¡El maldito despertador! Lo apago como quien apaga un cigarro que le acaba de quemar los labios, con rabia. Miro la hora queriendo pensar que nos son las seis y cuarto de la mañana pero nada. Cada mañana, cuando me levanto, es la misma hora y por más que me concentro en que eso cambie (dicen que querer es poder) no consigo ningún resultado. A partir de ese mismo instante empieza mi carrera para coger el metro. Me levanto, me desperezo y voy corriendo dando saltos en calzoncillos por toda la casa hasta la ducha, tirito de frío. - Sí, ya lo sé, me tengo que comprar un albornoz y unas zapatillas de una vez- me repito cada mañana. Enciendo el calefactor del lavabo, la sensació de frío no desparece. Estornudo tras estornudo, abro el grifo de la ducha. Espero a que se caliente mínimamente el agua y me ducho entre legaña y legaña, entre bostezo y bostezo y entre estornudo y estornudo. Me seco, me afeito y me visto dentro del baño ahora que ya está caliente. Son las 6:35. Me quedan diez minutos para ir a coger el metro. A buen paso puedo estar allí perfectamente en tres. Cojo la chaqueta del perchero, me cuelgo la bolsa en el hombro contrario. Controlo que todo esté en su sitio mientras voy apagando las luces de la casa. Repaso mentalmente y me voy palpando: llaves, en su sitio. Móvil, tambien. Tabaco...gafas...diskman..Sí, todo en su sitio. Cierro la puerta de casa. Cuatro vueltas a la cerradura de arriba, una a la de en medio y otra a la de abajo.

Son las 6:38.Bajo las escaleras ágilmente, me doy cuenta en ese momento cada mañana de que actuo como un autómata. Para no pensar demasiado en ello me enchufo el diskman cualquier cosa animada que me mantenga más o menos despierto (desde jamiroquai a dream theatre pasando por superskunk, faith no more o m-clan). Salgo por la puerta del portal. Noto el intenso y húmedo frío de barcelona en la cara. Camino rápido, mirando al suelo. A esas horas no hay demasiadas cosas que mirar, y ya me las sé de memoria. El camión de la basura que hace su patrulla matutina, el quiosquero que tiene la persiana entreabierta y las luces encendidas, está montando la parada. El resto de la calle está desierta y lo único que percibo es mi música, el tono naranja de la luz eléctrica de la calle, el curioso y repetitivo dibujo de la acera y el frío gélido que golpea mi cara y mis achinados y todavía inflados ojos. Bajo por la boca del metro, me invade la bocanada de aire caliente del subsuelo. Siempre me sugiere algo pero nunca tengo tiempo de pensar en qué. Hoy no me puedo colar, está la revisora con dos seguratas mirando. Miro la hora: 6:41. Decido esperar a ver si se van para poder colarme, después de todo todavía me quedan cuatro minutos. Pasan dos minutos, parece que hoy no tienen muchas ganas de trabajar. Se van. Supongo que hoy me hacen la vista gorda, al fin y al cabo nos conocemos. Creo que siempre hemos mantenido unos diálogos con la mirada bastante extensos para tratarse de diálogos de un par de minutos. Algunos día les convenzo y se van y otros días me convencen ellos a mi y paso la tarjeta por el lector. 6:44. Bajo las escaleras hasta el andén, está llegando el metro en ese mismo instante. Entro. Hoy no me pdoré sentar, ya hay gente que, como yo, va a trabajar a estas horas. Cada uno con su pequeña historia y su particular mundo. Todos juntos en unos veinte metros cuadrados. Sin embargo, nadie dice nada. Todos miramos al suelo. Logro distinguir el pitido que anuncia la siguiente estación de entre la música de mis auriculares. Paramos. De entre toda la gente que ha subido hay una chica. Es preciosa, me extraña que sea la primera vez que la veo. Hay unos cuantos que somos ya habituales y más o menos nos conocemos. Me gusta su manera de coger el asidero. Es elegante. Es morena con el pelo largo. Una trenza de hilos de muchos colores le llega hasta la cintura. Aunque se ha puesto de espaldas he podido distinguir unos ojos negros preciosos que resaltaban todavía mas su piel morena. He podido distinguir que lleva una carpeta de la universidad en las manos. -Iremos juntos todo el trayecto- Pienso para mi contento. Su abrigo no me deja distinquir en cambio su figura. La verdad es que promete. Desde ese instante clabo mi mirada en su nuca a ver si por casualidad se gira. En un momento dado del trayecto lo consigo, se gira y me ve. Cruzamos la miradas por un instante. Necesito que las crucemos otra vez así que la sigo mirando sin disimulo alguno. Me vuelve a mirar, sonrío. Agacha los ojos. Sigo mirando, me vuelve a mirar, sonrío. Me sonríe. Intento reaccionar como sea para no quedarme con la cara de tonto que seguro le estoy enseñando. Se me ocurre darle los buenos días con la cabeza. No me los devuelve. El corazón se me va a salir del pecho. Me da la sensación de que todo el vagón late y me pongo rojo. Llegamos a la estación. Voy detrás de ella y para mi delirio compruebo que va a coger los ferrocarriles como yo.

Tengo que hacer algo. Esto no se puede quedar aquí. Me ha sonreído. Eso significa que le gusto. No lo sé, quizás solo significa que le ha gustado que la sonría, siempre está bien que te sonrían. Quizás no significa nada, quizás me lo he imaginado. Seguro que si le digo algo piensa que soy un baboso. No, claro, depende de lo que le diga. ¿Qué le digo? vamos piensa... Me agobia la música. Bajo el volúmen.

7:12. Llegamos al andén del ferrocarril. Quedan tres minutos para que pase el tren. Me pongo al lado suyo. Esta vez sin mirarla. A ver si al final va a pensar que soy un salido. Me recrimino el no tener más autoestima, más morro en definitiva. Llega el trén. Entramos por la misma puerta. Veo que se encamina a un asiento y que hay un al lado que está vacío. Voy casi a zancadas hasta allí. Me quito la chaqueta, desconecto el diskman. Me siento, saco un libro. Hago ver que leo aunque en realidad estoy totalmente pendiente de cada uno de sus movimientos. A ratos juega con su trenza multicolor, a ratos con su pelo. Todo esto mientras hojea unos apuntes. Veo que son de algo relacionado con biología. Hmm una bióloga...me gusta. Coge el móvil y llama a alguien, no se a quien puede llamar a estas horas. ¡Me encanta su voz! Es dulce pero no empalagosa. Suave, tranquila. Nada estridente. Definitivamente me gusta. La oigo hablar bastante rato. Habla en castellano. No es de aquí. Me entero de que ha venido a estudiar hace muy poco y está buscando piso. Pienso en que yo tengo piso. Pienso en que tengo una habitación libre. Necesito romper el hielo de alguna manera y creo que sería una buena forma. Espero muy impacientemente a que acabe su conversación telefónica, se alarga demasiado. diez minutos y sigue hablando. Me imagino que debe tener dinero si cada una de sus llamadas es así. Me entero de que es valenciana. Nunca he conocido a nadie valenciano. Tengo curiosidad. Sigo esperando y me fijo a través de las ventanas en que por fin se está haciendo de día. Odio levantarme cuando aún es de noche y llevo haciendolo los últimos dos años.

Por fin cuelga el teléfono. Nervios, pálpitos. Ha llegado el momento de romper el suelo. Estamos llegando a Sant Cugat. Solo faltan 3 paradas más, es decir unos doce minutos. Lo tengo que hacer ya pero no me atrevo. Cuando giro mi cabeza hacia ella y me dispongo a escupir mi propuesta empieza a hablarme ella. Me descoloca. No entraba en mis planes. Me dice que le gusta la zona que ve por la ventana y me pregunta si como están los precios por aquí. Lo único que se me ocurre responder, siempre con cara de tonto, es que mis padres viven allí y que es bastante caro. Joder, ya he vuelto a quedar como un pijo de mierda de Sant Cugat. Parece que se da por satisfecha con mi respuesta y gira la cabeza hacia la ventana. Ya no existo para ella. Decido que no se puede quedar así. Le digo que no pude evitar escuchar su conversació telefónica y que estaba pensando que yo tengo una habitación libre en casa, que necesito pagar el alquiler. Me pregunta donde esta. Le intento explicar más o menos la zona en la que está y me contesta que buscaba preferentemente algo por el centro. El resto de la conversación sinceramente no lo recuerdo. Solo recuerdo sus ojos y sus preciosos labios sonrientes. 7:45. Llegamos a la estación de la universidad. Bajamos los dos. Querría invitarla a un café pero tengo que ir a trabajar. Nos despedimos. Ella con un encantada y yo con un hasta la vista lo más sugerente que puedo. Quiero pedirle su número de teléfono. Como siempre no me atrevo.

7:50. Ando deprisa pensando en su preciosa cara, su preciosa voz, su pelo negro, su trenza multicolor y repasando mentalmente toda la conversación que ya se me ha olvidado. Sé que seguramente no la volveré a ver. Llego a mi puesto de trabajo. Son las 8:00. Me siento y entono la frase más pronunciada por mi en este ultimo año: ¿Emergencias 112, dígame?
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1 comentario

LoKuRa -

emm.. que hago¿? te pego la bronca¿? bah no.. pero si te la vuelves a encontrar y no reaccionas te enteras! Miles de besitos y un muy bien narrado, que bien describes
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