|
Temas
Archivos
Enlaces
Otros zumos de la peña
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Naranjo en flor.
28/04/2005
Sueño de una noche de verano Dos bocas que se encuentran, se tantean y se unen. Dos lenguas que se quieren tocar juguetonas para estremecer cada uno de los poros de sus respectivos cuerpos. Se miran sedientas la una de la otra. Las ganas ceden a la tentación en un instante y comienza el asalto. Inician un baile sensual acompañado de unas manos, las mías, que comienzan un recorrido que une tu cintura, que empieza a abandonarse a mis caderas, con tu nuca, que se relaja y cae hacia atrás sin fuerza. Tanto mi pecho como mi estómago se ven invadidos por una bandada de mariposas que revolotean traviesas ahora ya por todo mi cuerpo. Mi boca se centra ahora en tu cuello, tus manos en mi espalda. Mi pantalón se empieza a volver pequeño y me doy cuenta de que notas la presión. Te acomodas y atraes la presión hacia ti. Me excita tu hilo de voz en medio de cada exhalación. Con una coordinación que podría parecer estudiada me quito la camiseta mientras me desabrochas el primer botón. No dejamos de mirarnos. En este lapso de tiempo nuestros labios creen que llevan ya demasiado separados y se vuelven a encontrar, presos esta vez de una pasión y una lascivia incontroladas. Mi mano derecha busca tu pecho, y el aire que resuena en mis oídos guía mi otra mano a tu entrepierna. El deseo nos sonroja las caras, desabrochas entero el pantalón que cae como si notara que está de más entre nosotros dos. Me llevo tu pecho desnudo a mi boca ávida de afecto. Tus exhalaciones son cada vez más profundas y mi cuerpo late como si todo él estuviera en el epicentro de cada bombeo del corazón. Mis piernas y mi cintura te aprisionan contra la pared y notas mi sexo duro en tu pantalón. Te deshaces de él como quien se deshace de algo que le quema en la piel. Te beso y acerco mi mano a tus pliegues carnosos que se han tornado ciertamente húmedos. Y frotan mis dedos cuidadosamente con tus labios que se muestran generosos. Y me sigues besando interrumpiéndote a cada instante con un entrecortado gemido. Entonces me sorprendes y te arrodillas y, sin que me de tiempo a pestañear estás paseando tu lengua por mi miembro, duro, que late, que te espera. Recorre mi cuerpo un escalofrío más cuando la humedad y el calor de tu boca lo protege. Succionas con más fuerza y te ayudas de las manos. Como sigas así no aguantare un segundo. Te ayudo a levantarte, te doy la vuelta y te apoyas contra la pared. Me esperas dispuesta con tu sexo saludando al mío. Me dispongo a entrar en ti. Con suavidad. Ya nos hemos fundido en un solo cuerpo. Te susurro al oído lo mucho que me excitas y me besas. Ya no somos nosotros los que actúan, son el deseo y la pasión que actúan en nombre de los dos. Se me nubla la vista en cada acometida. Gimes, gimo, gimes, gimo, subimos el ritmo y te cojo con fuerza las caderas con una mano mientras te continuo masturbando con la otra. Y tus piernas flaquean y yo te sostengo pero me temo que no aguantare muchos segundos más. Mis embestidas se hacen más profundas y espasmódicas y he llegado al clímax y tu cara me dice que tu también habías llegado al clímax. Y nos abandonamos al suelo para quedar tendidos yo encima de ti, con mi cabeza recostada en tu regazo. Y nuestras caras se miran relajadas y cómplices y me acaricias el pelo mientras yo toco el tuyo sedoso y ondulado.
20/04/2005
Ojos que ven, corazón que se excita Primavera. Estación de la vida. Estación en que todo renace para cumplir otro ciclo más. Suben las temperaturas y la luz tiene un color distinto que aviva más los colores que ya de por sí se van tornando más abundantes. Estación de desajustes hormonales, celos, pataletas, extremismos. Estación de intercambio sexual por excelencia en lo que se refiere al mundo de la naturaleza y ahí también entramos nosotros, en particular yo. Camino por la calle, centro de Barcelona, las ramblas. Mis ojos no hacen más que ver mujeres de todos los colores, tamaños y complexiones. Es extraño, suelo ser bastante selectivo pero hoy me parecen todas, como mínimo, atractivas y apetecibles. Me cruzo con ojos azules, marrones, verdes...pechos grandes y ligeramente caídos, que rebotan entre ellos al andar, pechos pequeños y tiesos, pechos exuberantes, pechos que se identifican como operados a simple vista, pechos que me apuntan directamente a la cara, pechos pesimistas que siempre miran al suelo... culos enormes, pequeños, inexistentes, planos, respingones...hmmmmm y los cuellos con hombros desnudos. ¡Me chiflan los hombros desnudos! Es la época en que se empiezan a ver tirantes y faldas cortas y mi libido empieza a notarlo. Cada paso que doy es una sorpresa, me encuentro con un cuerpo distinto, cada uno con sus particularidades pero todos apetecibles, como he dicho antes. Son encuentros fugaces, de milisegundos, y cada uno de ellos sube un peldaño mi nivel de excitación. En uno de tantos encuentros mis pupilas advierten una mujer con pelo negro intenso, de caderas poderosas, cintura proporcionada, pechos turgentes y cara fina y delicada aunque con un punto de carisma (sí, lo admito, el orden que siguen mis ojos es ese. Después de todo sigo siendo un hombre, aunque a veces pueda parecer algo más refinado). Al final del recorrido descubro que ella ya me estaba mirando. En un instante nuestras retinas y nuestras discretas y medias sonrisas se han dicho todo lo que se tenían que decir. “Me gustas, te gusto”. Para mi delirio hormonal cuando nos cruzamos los dos giramos la cabeza y seguimos sonriendo. Ninguno de los dos se para. En ese preciso instante me doy cuenta de que ya es primavera y el corazón me da un salto. Noto que el “radar” vuelve a funcionar. Vuelven a existir las mujeres para mi. Por fin soy un naranjo en flor.
|